ADUM visitó Cordón Blanco: conocer el territorio a través de sus productores

Hoy volvimos a encontrarnos con afiliadas y afiliados de ADUM para compartir una nueva experiencia de acercamiento a productores locales y conocer, en este caso, el desarrollo de la vitivinicultura en nuestra región.

Esta vez viajamos hasta Tandil, donde visitamos Cordón Blanco, una empresa familiar que desde 2008 desarrolla un proyecto vitivinícola basado en la exploración de un territorio que hasta entonces no tenía antecedentes significativos en este tipo de producción.

Allí fuimos recibidos por Valeria Lucas, integrante de la familia que lleva adelante el emprendimiento, quien nos contó la historia de un proyecto que comenzó a gestarse en 2007, cuando los hermanos Valeria, Mariano y Matías decidieron apostar por la posibilidad de producir vinos en los suelos de Tandil.

A partir de allí comenzó un camino marcado por la experimentación. El primer viñedo se implantó en la zona de La Elena, al oeste de Tandil. Luego, en 2011, se incorporó un segundo viñedo, Don Bosco, ubicado al sur de la ciudad, con el objetivo de experimentar con otras variedades y explorar las diferencias entre distintos tipos de suelo, aun encontrándose ambos establecimientos a pocos kilómetros de distancia.

Las primeras microvinificaciones de La Elena se realizaron en 2012 y dieron origen a lo que Cordón Blanco presenta como el primer vino de Tandil. Aquellas primeras elaboraciones fueron realizadas de manera natural y prácticamente artesanal, sin correcciones y dentro de los parámetros analíticos necesarios para su comercialización.

Conocer la vid desde el viñedo

Durante la visita pudimos recorrer los viñedos y observar directamente las plantas de vid, que luego de la poda se encuentran preparadas para iniciar un nuevo ciclo de crecimiento.

Uno de los momentos más interesantes fue poder observar las yemas en estado algodonoso, una de las primeras etapas visibles del despertar de la planta después del período de reposo invernal. En esas pequeñas estructuras se encuentran los primordios de los futuros brotes y, posteriormente, las estructuras que darán lugar a las flores y a los racimos de uva.

La visita permitió así comprender que detrás de cada botella existe un proceso que comienza mucho antes de la cosecha: en el suelo, en la planta, en la poda, en el clima y en las decisiones que toma cada productor.

Dos viñedos, dos territorios

La Elena se encuentra al noroeste de Tandil, a unos 260 metros sobre el nivel del mar, sobre una ladera con orientación oeste. Sus suelos son arcillosos, compactos y superficiales, con una importante capacidad de retención de agua. La presencia de tosca, carbonato de calcio y abundante cuarzo blanco constituye parte de las características particulares de este terruño.

Allí predominan variedades como Cabernet Franc, Merlot y Sauvignon Blanc.

Don Bosco, también ubicado a unos 260 metros sobre el nivel del mar, se encuentra al sur de Tandil, en medio del circuito turístico. Sus suelos presentan vertientes, granitos y una importante presencia de arcilla. Las características del terreno permiten también trabajar en secano y favorecen el drenaje del agua luego de las lluvias.

En este viñedo predominan variedades como Syrah, Sauvignon Blanc y Carmenere.

Una de las ideas centrales que transmite el proyecto de Cordón Blanco es justamente que el vino no se produce solamente con una variedad de uva: también expresa el lugar donde esa uva crece.

De la uva al vino

Durante la visita también pudimos conocer algunas de las variedades que se cultivan en los viñedos y que luego dan origen a los vinos de la bodega.

Cabernet Franc: proveniente de La Elena, se caracteriza por su color intenso, buena acidez y frescura en boca. La elaboración incorpora un pequeño corte con Tannat del mismo viñedo y un breve paso por roble.

Syrah: cultivado en Don Bosco, presenta características diferenciadas, con menor intensidad de color, aromas exóticos y taninos suaves asociados a su breve crianza en roble.

Sauvignon Blanc: un vino joven y de baja graduación alcohólica, elaborado a partir de uvas cosechadas tempranamente para preservar la acidez y los sabores de fruta fresca. El corte con Semillón aporta una textura más aterciopelada.

Una experiencia que continúa

Más allá de las características de cada variedad y de las particularidades de los vinos que pudimos conocer, la visita nos permitió acercarnos a una experiencia productiva construida durante casi dos décadas a partir de la investigación, la experimentación y la búsqueda de una identidad propia.

Cordón Blanco resume ese espíritu en una idea que atraviesa su historia: buscar vinos que expresen la identidad del terruño y continuar aprendiendo en un territorio que todavía está construyendo su propia tradición vitivinícola.

Para ADUM, estas visitas son también una forma de encontrarnos fuera de los espacios habituales, conocer experiencias productivas de nuestra región y poner en valor los conocimientos, las historias y el trabajo de quienes construyen nuevas alternativas en nuestro territorio.

Una nueva salida, un nuevo territorio conocido y, esta vez, una copa de vino de Tandil para acompañar el encuentro.

PUBLICACIONES RELACIONADAS